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jueves, 9 de junio de 2011

Si vas a comer, Virgilio, espera a Milián, por favor.

Por Max Barbosa. – Para www.TeatroenMiami.com

José Milián (Matanzas, Cuba, 1946) surge precozmente en el teatro cual premonición inesperada. Tal osadía le ha proporcionado ser dramaturgo, actor, diseñador, compositor, asesor literario, productor, compositor y director. Por su perseverancia en cuanto a cualidad se refiere posee diversos premios como autor, destacándose Si vas a comer, espera por Virgilio al obtener varias distinciones en 1998: premio La Avellaneda al mejor texto teatral en el festival de Camagüey, premio Santiago Pita de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), premio Villanueva de la Sección de Crítica y Teatrología de la mencionada institución. En el 2000 también ganó el premio de la Crítica Nacional.

Rolando Moreno quiso celebrar los cincuenta años dedicados al teatro de él y su amigo Pepe Milián con la puesta en escena de Si vas a comer, espera por Virgilio en Teatro en Miami Studio, uniéndose esta compañía al homenaje. De ahí esta entrevista con uno de los tantos Pepes de la cultura cubana.

Escribiste Vade Retro con quince años de edad mientras estudiabas en el seminario de dramaturgia del Teatro Nacional de Cuba allá por 1961, iniciando tu vertiginosa carrera teatral hasta nuestros días. ¿Cuántos obstáculos habrás tenido que vencer para conquistar tus metas? ¿Cuántas satisfacciones e insatisfacciones? ¿Cuáles disfrutaste y cuáles no?
En realidad la fecha de Vade Retro escrita, ha sido como un punto simbólico, porque yo había empezado mucho antes. Claro que se trataba de pequeños saltos, momentos aislados; pero de esa fecha en adelante fue que se organizó mi vida y sobre todo, la continuidad. No si sé si será vertiginosa, pero te diré que ha sido una carrera con obstáculos y la meta, bueno, creo que la meta es inalcanzable. Por el momento no dejo de correr. A veces me pregunto si realmente he vencido todos los obstáculos. Generalmente no los rodeo, voy de frente, arremeto contra ellos y eso me demora un tanto, mientras otros con más suerte se van delante.

¿Satisfacciones? Si soy honesto, muchas, la mayoría porque mi obsesión por el teatro se ha mantenido siempre virgen. Hay momentos en que me siento ignorado y eso duele. Porque creo que soy de los pocos que sacrifican un tanto su bienestar para hacer teatro. Pero cuando estoy inmerso en un montaje (Estoy hablando ahora en mi faceta de director), nada iguala el placer o la realización personal que siento cuando esto llega al público y veo las reacciones, entonces me olvido si este crítico o el otro, fascinados por determinadas tendencias y que no pueden ser objetivos, me ignoran. Por suerte, creo que no son mayoría. He disfrutado mucho los diferentes premios, como es lógico. Pero hay dos momentos inolvidables que me han acompañado para resistir cualquier embate huracanado. La reacción del teatro en pie y los gritos cuando el estreno de Vade Retro (1967) en el Teatro Principal de Camagüey, y cuando el estreno de La toma de La Habana por los ingleses (1970) en la sala Hubert de Blanck que, además de aplaudir y gritar, el público golpeaba el piso con los pies. Insólito para la época, para el teatro, para el mundo del arte. Los disfruté, me dieron fuerza y van conmigo siempre. Los que no disfruté. Esto me hace pensar. También hay muchos, pero nada iguala al momento en que fui separado del teatro y comencé a trabajar en la construcción. Y para soportar un tanto, escribí y monté una obra con los obreros en los horarios libres.

¿Las instituciones culturales de la Isla celebraron tus cincuentas años dedicados al teatro?
Sí lo han hecho, como no. Aunque aniversarios son los que sobran; pero si lo han recordado y te diré que en un homenaje de la revista Tablas, el Consejo de las Artes Escénicas y la UNEAC, se lanzó mi libro Virgiliando, un diario desordenado de anécdotas y vivencias sobre Virgilio y sobre los años sesenta.

Miami es la ciudad donde más cubanos residimos en extramuros. Entre otros nombramientos se le conoce como “la otra orilla”. Sin embargo, por primera vez se estrena una de tus obras. ¿Cómo valoras el hecho en sí mismo?
Me alegra que haya sucedido. Aunque un poco tarde, pero al menos me sorprendió en vida. Tengo muchos amigos allá. Muchos trabajaron conmigo y forman parte de mi historia personal y artística. Cuando miras fotos de tantas puestas en escena, ahí aparecen sus rostros. Te confieso que miro para las paredes y ahí están, forman parte de mi vida. Entonces este estreno, aunque tardío, viene a unirnos un poco más y eso me parece extraordinario.

Virgilio muere en1979, dieciocho años después, en 1997, das a conocer la obra que nos ocupa. ¿No esperaste demasiado tiempo para rendirle este imprescindible homenaje?
Porque tuve mucho miedo con la obra. Dudé si hacía bien o mal. Dudé si lo traicionaba o le hacía justicia. La obra devino homenaje, pero tuve miedo, sobre todo, de Virgilio. Porque no quise jamás dar el más mínimo pie, a algo que pudiera traicionar esa amistad. Ahora me siento feliz de haberlo resucitado. Hace catorce años que camina y habla por los escenarios y hasta en Miami. Creo que he sido un amigo fiel, ¿No te parece?


¿El Virgilio que nos ofreces realmente era así, temeroso, sarcástico, actuando siempre, deseoso de ser incluido en el mundo del arte o se trata de tu punto de vista que se percibe como una relación de padre a hijo?
Yo creo que hay un poco de todo eso que has dicho. Por muy objetivo que quise ser, quizás me traicionó mi vocación dramatúrgica. Aunque yo soy así, teatralizo todo lo que me sucede.

Matías Monte Huidobro, importante dramaturgo e investigador, exiliado desde 1961, al analizar Medea en el espejo, de otro José, Triana en este caso, afirma que entre los aciertos de contenido y forma se encuentra “el chisme como elemento dramático en función escénica” (El Teatro Cubano en el vórtice del compromiso, 1959-1961, pag. 150, Ediciones Universal, Miami, 2000) ¿Podríamos decir lo mismo de tu obra?
Pues creo que sí, si eso ayuda. Pero a veces mi intención es más contextualizar. Ofrezco datos y nombres para ubicar el entorno.

Las versiones que puedan realizar los directores de tus textos, ¿cómo las asumes? Por ejemplo, Rolando Moreno sustituye el personaje Ella por un actor.
Me gusta dejar libre a los directores. No asisto ni a los ensayos. Como generalmente monto mis obras, considero que ya completé el ciclo y entonces me gusta ver cómo otro director asume ese texto. Siempre con un sentido de la responsabilidad y el debido respeto. Me sorprendió esa sustitución porque en mi puesta he trabajo con las actrices buscando un símbolo específico. Pero confío en Rolando porque supongo que él domina el medio en que trabaja y para quien trabaja. Y si a él le funciona y yo sólo le propicié el medio, bienvenido sea.

¿Hubiera sido posible realizar la idea del personaje E. Pérez de un espectáculo contigo y con Virgilio? ¿Metáfora teatral?
Pues era un hecho verídico, nada de metáforas. No conocía a Virgilio lo suficiente. Cuando ese espectáculo me fue propuesto, claro está que dije que sí. Pero lo hice con ingenuidad y admiración, cosa muy típica de los jóvenes de mi generación que adorábamos a los más consagrados. ! Imagínate! Yo estaba empezando y sentarme junto a Virgilio era algo admirable, un sueño. Pero él lo tomó de otra manera, como en la obra. Sentí pavor. Me avergoncé de haber aceptado y sufrí calladamente los embates, los insultos y todo lo demás, pero mi mayor deseo en ese momento fue que me perdonara. Ese error me persiguió siempre. ! Jamás Virgilio hubiera aceptado estar conmigo en el escenario!

Entre tus numerosas obras, ¿qué lugar ocupa Si vas a comer, espera por Virgilio? ¿Es teatro dentro del teatro? ¿La definirías como un drama con tonalidades de comedia?
Es teatro dentro del teatro como la mayoría de mis obras. La defino como una farsa por los elementos irreales que uso en ella. Virgilio está muerto y Pepe hace una invocación. El Virgilio que entra, habla y hace todo lo que sabemos en la escena, es la materialización de la memoria. Una farsa con fondo de tragedia, por los alcances reales del tema y porque hay también un defecto trágico, un error trágico y un desenlace trágico. La farsa ha sido y es mi género favorito y algunos dicen por acá que es mi especialidad. Y estoy de acuerdo. Pero a pesar de la trascendencia que ha tenido, tengo otras obras que considero entrañable. Hasta me parece ofensivo parecer el autor de una sola obra.

Como bien señalas en Si vas a comer…, numerosos Pepes (Lezama, Antonio Ramos, Jacinto Milanés, Soler Puig, Luciano Franco, entre otros) integran el Parnaso cultural cubano. Según el personaje Pepe, él es el último de ellos. ¿Crees que aún es así?
! Ay, Max! Me gustaría poder decirte que ya no lo soy. Pero eso sonaría demasiado inmodesto. Creo que tengo un lugar, el mío, porque hay espacio para todos. ¿No te parece? Pero es lo que pienso. ¿Y los demás lo creerán así?


----------Fotos: Victor Junco