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Provocación a Ernesto García.



Por Max Barbosa


Ernesto disfruta “meterse en camisas de once varas” Es más: desconoce el límite de los riesgos, no le interesa. Su imaginación no le permite amilanarse. Por eso el estreno de Oda a la tortura en Teatro en Miami Studio el próximo 9 de julio. La pasión teatral que lo amamanta también es la causante de este desatino por el arte. De ahí esta conversación con la intención de polemizar.

El 13 de julio se cumplen tres años de la apertura de Teatro en Miami Studio (TEMS), aunque mucho antes se dieron a conocer con El Celador del Desierto. Desde entonces, ¿cuántas puestas en escena han realizado, incluyendo el estreno que nos ocupa?

Unas cuantas. Antes de tener la sala eran más distanciadas. El Celador del Desierto del año 2003, sin dudas nos abrió al público de Miami. Pero desde mucho antes teníamos proyectos menos conocidos, talleres, presentaciones. Pero era una etapa muy difícil, no habían teatros, muy pocas salas donde presentarse. Eso no nos detuvo jamás. 

Además Sandra García y yo trabajamos durante muchos años con los principales grupos y directores de Miami. En Avante con Mario Ernesto Sánchez y Lilliam Vega; en La Ma Teodora con Alberto Sarraín; en Abanico con Lili Rentería; en Prometeo con Teresa María Rojas; en Maroma Players con Rolando Moreno y en muchos otros proyectos de más corta vida. 

Abrir Teatro en Miami Studio nos permitió presentarnos de una manera más constante. En nuestro espacio hemos mostrado diez producciones de las cuales seis han sido estrenos mundiales. Hemos producido textos de Chejov, Pirandello, Montes Huidobro, coproducido casi una decena de obras de grupos invitados. Presentado varias producciones de España, Honduras y Andorra. Impartimos talleres de actuación y presentación de monólogos de los alumnos. En fin para una compañía pequeña y de recursos limitados, han sido tres años de mucho trabajo.

Por lo general, tus obras se caracterizan porque el espectador participa del conflicto hasta el final; pero la sinopsis de Oda a la Tortura es un misterio en sí misma por la escasa información acerca de los sucesos a presenciar. Parece que intentas sorprender al respetable.

No es una característica especial de esta obra, lo hago en todas. Me gusta mantener cierto nivel de secreto y dar solo la información necesaria para que el espectador se entusiasme. En esta obra, como en las anteriores, el espectador participa activamente. Cuando salga del teatro tendrá posibles interrogantes; duras, como: ¿Hasta qué punto es tolerable la tortura? ¿Es esta un arma eficaz o permisible, aún cuando sospechemos que aplicada podría darnos la información suficiente para salvar vidas inocentes? Creo que sin dudas será una obra que hará la sobremesa de los espectadores. Generará puntos de vistas y todo tipo de posturas. Eso sería formidable.

Se dice que Ronald Reagan definió la política como “lo más parecido a la profesión más antigua de la humanidad”. Tu pregunta de hasta qué punto es tolerable la tortura podría ser “políticamente incorrecta” en tiempos donde predomina lo “políticamente correcto”.

De lo “Políticamente Correcto” que se ocupen los políticos o los burócratas. No es esa la misión del artista. Es lícito hacerse cualquier pregunta. Es importante e imprescindible hacérselas. Pero en honor a la verdad debo destacar que esas preguntas “Políticamente Incorrectas” se las hacen también los políticos y pensadores. Y lo vemos en sus respuestas más que en sus preguntas. La “Declaración Universal de Derechos Humanos”, La “Declaración Contra la Tortura y el Tratamiento Cruel, Inhumano o Degradante” y muchas otras. Estas y otras declaraciones son sin dudas respuestas a preguntas bien serias y “políticamente incorrectas” sin esas preguntas no existirían estas declaraciones.

TEMS es una compañía: elenco estable, realizaciones propias, estética teatral definida, entre otros aspectos. Es decir, sus integrantes están a tono con los propósitos. En las últimas puestas en escena han participado actores invitados: Ariel Texidó, Grettel Trujillo y ahora Jorge Hernández. ¿No temes perder la esencia que los anima?

Una compañía no es una nómina. No son nombres. Una compañía es una filosofía de trabajo. Desde el comienzo han entrado y salido actores. La realidad teatral de Miami es dura y el teatro no está exento de las presiones económicas. Este es un trabajo muy duro que se hace a deshoras, en el tiempo que la cotidianidad te permite. Hay que robarle tiempo a la vida para crear otra sobre el escenario. El teatro me ha costado amistades, consume mucha energía y horas de trabajo. Esa hora que el público disfruta durante el espectáculo tiene detrás cientos de horas de trabajo. No todo el mundo está dispuesto a eso. 

Nunca, ni en los programas de mano ni en ningún otro medio, he señalado a “actores invitados”. No solo los que mencionas, sino también muchos otros que por razones de horarios y otros compromisos no han podido estar en mis obras. Para mí, cuando un actor trabaja con TEMS, se convierte en parte de esa filosofía y manera de acercarse al teatro. TEMS es un grupo abierto que se nutre constantemente de jóvenes actores formados en nuestros talleres. Pero además (y esto es poco conocido) el trabajo de nuestro grupo no es solo durante las temporadas. Hacemos talleres creativos donde participan actores de disímiles experiencias y medios que están interesados en conocer mi método de trabajo. En uno de los últimos tuvimos gente de otros teatros, actores que trabajan en Telenovelas y “Sábado Gigante”. Casi siempre lo que se ve sobre el escenario es la consecuencia de un largo proceso y el resultado de la temporada es solo la punta del iceberg. 

Jorge Hernández es uno de los actores que más trabaja en Miami, a mi modo de ver, por su ductilidad. Tú como director podrás evitar que nos recuerde a otros personajes, conociendo que los actores, a veces – digo yo-, son incontrolables.

Esa no es la misión del director. Al menos no la mía. Yo trabajo sobre la obra, los personajes. Me concentro en lo que la obra me pide. El texto, la relación entre los personajes, sus conflictos. No puedo dirigir pensando en obras anteriores de los actores. Sus trabajos anteriores no me interesan. Además el actor es ejecutante e instrumento a la vez. Él mismo debe tocar su propio instrumento creador y un violín siempre es un violín. A los críticos y al público les gusta el “circo” y por lo general es porque carecen del conocimiento real del arte del actor. Siempre se premia las caracterizaciones, los personajes extraordinarios; borrachos, personajes con disabilities, etc; personajes que yo llamo “agradecidos” pues siempre llaman la atención de todos. En mi opinión los personajes más difíciles son aquellos que tienen conflictos más sutiles y un actor los puede convertir en personajes memorables.

Siguiendo la idea sinfónica que te propuse; un personaje agradecido sería como un gran solo; le da la posibilidad al ejecutante de lucir. Pero el violinista debe tocar bien, con intensidad y brío, cualquier pasaje, no solo sus compases de solista. Yo veo mis obras como una gran sinfonía; donde actores, espacio, texto, luces, música y diseños deben afinar. El trabajo individual deber servir para hacer brillar la puesta. Jorge Hernández sin dudas es ese tipo de actor.

La nota de prensa explica que no se trata de “buenos y malos”. Hoy parece prevalecer el criterio de que nada es malo, todo es bueno a partir de una actitud quizás relativista. ¿Tiene que ver con esta tendencia?

En lo personal no me gusta la tendencia relativista de la que hablas como tampoco una tendencia absolutista. No me gustan las tendencias. Trato de vivir la vida observándola. Las tendencias no son más que acciones mecánicas.

Pero lo que yo piense no es tan importante. Lo importante es lo que indago en el pensamiento, actitudes y justificaciones de los personajes. Si yo como autor presupongo que un personaje es “malo” o “bueno” le estoy quitando profundidad. Sería imperdonable presentar al torturador como “malo” y a los torturados como “buenos”. En la vida real las acciones más detestables, enjuiciables o repugnantes de criminales de guerra, asesinos en serie, etc; tienen detrás una serie de actitudes y justificaciones más complejas que no son “mato porque soy un tipo de muy malos sentimientos”. El cerebro humano es complejo, sus actos ininteligibles y aquello que liga pensamientos y actos; un verdadero misterio. No me gustan los personajes maniqueos, son aburridos, planos y predecibles. 

¿Cómo catalogas a Oda a la Tortura con respecto a otras puestas y en qué se diferencia?

“Oda a la Tortura” es una obra más psicológica. Mis obras siempre se caracterizan por cierta carga mágica y surrealista. Esta es una obra que tiene algunos matices políticos, lucha de clases. Me gusta alejar mis obras de los visos de la realidad para invitar al espectador a meditar sobre los conflictos. Esta obra no es una excepción. 

Experimento en cada trabajo. Trato de buscarle un ángulo diferente, pero creo que al final hay siempre una especie de sello y creo que esto sucede porque yo no veo el trabajo de dirección y producción de una obra con la única finalidad de mostrarla al público. Participo de muchos elementos creativos; escribir, dirigir, componer la música, los diseños de escenografía, luces, vestuarios. Mi relación con mis obras no es la de un director que aprueba o desaprueba propuestas. Yo construyo mis escenografías, cada tornillo, pintura, madera que está sobre el escenario han pasado por mis manos. Toda la utilería y vestuario, las luces, en fin todo en la obra ha sido construido físicamente por mí. Tengo una relación táctil, sonora y total con mi obra. Lo cual la hace un elemento plástico, escultórico, con el cuál me relaciono profundamente.

Yo encontré en el teatro el arte de lo posible, donde puedo combinar todos mis intereses creativos: la literatura, la plástica, la fotografía, el cine, la música y la actuación. Esta manera de ver mi teatro hace que las obras tengan un común denominador. ¿Eso es bueno? No sé, pero es lo que me gusta. 

Defíneme el género, época, lugar, elenco y equipo de realización.

Oda a la Tortura es un drama con cierto aire de Thriller. La época es indeterminada. Podríamos situarla entre los 30 y los 50. No hay referencias históricas. Y el lugar es tan posible como cualquier ciudad del mundo donde existan; una comisaría, un río, un teatro, una estación de radio y sobre todo dos pensamientos distintos o formas antagónicas de ver la vida. Como ves es posible en casi cualquier lugar del mundo.

Actúan Jorge Hernández (Don Ramiro), Sandra García (Laura), Leandro Peraza (Pablo) y Alain Casalla (Guardia). Como en todas mis puestas me encargo además del texto y la dirección, de componer toda la música, los diseños de luces, escenografía. La grabación y edición de videos y junto a Sandra García hicimos los diseños de vestuario.

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